De la serie 17 palabras para 17 textos: ocho
OJOS
Vemos
con los ojos, pero miramos a través de los ojos. El acto de mirar nos permite
analizar y pensar, el de ver sólo percibir la luz. Son los ojos el primer encuentro
con el exterior, pero también con nuestro interior. Cerremos los ojos por unos
segundos y aparecerán los primeros huéspedes de nuestra mirada interna: ese
tipo de estrellitas nebulosas, a veces a color a veces en blanco y negro, que
van cayendo sin que podamos detenerlas; caen hasta que se “salen de cuadro”, inevitablemente.
También de esta manera podremos ver el entramado de telarañas que cruzan
caóticamente nuestros párpados. Con algo de esfuerzo veremos esa pequeña
galaxia frente a nosotros. ¿Pero qué de interesante tiene este
microespectáculo? El tomar consciencia de que somos seres vivos
extraordinarios, que estamos en movimiento y que dentro de nosotros hay todo un
universo.
En un
plástico sucio sobre la banqueta un chacharero vendía unos libros casi todos de
superación personal; como baraja, de entre estas portadas casi iguales, destacaba un libro que
a penas y se distinguía el título: Cómo ver los sueños para no olvidarlos.
Tomé el libro que a diferencia de otros no trataba sobre la obvia
interpretación de los sueños. Quien escribió aquella rareza decía que para ver
los sueños y no olvidarlos hay que voltear los ojos hacia adentro; no ver con
el pensamiento, olvidarnos de él y concederle a los ojos uno de los atributos
que Dios les asignó: ver. De esta manera nos horrorizaríamos viendo en su
esplendor a nuestros sueños que podrían convertirse en francas pesadillas hasta
volvernos locos. Pero entonces, ¿qué pasaría si pudiéramos ver y recordar todas
nuestras pesadillas? ¿Qué será más peligroso ver nuestras pesadillas y no olvidarlas
–no buscarles interpretación— o mirar a través de nuestros ojos los actos
diarios del hombre?
¿Qué
será más peligroso, aguzar la mirada para intentar buscar, encontrar y ver a
Dios y quedarnos ciegos porque nunca lo encontramos, o ver nuestras propias
manos y reflexionar sobre sus actos?
