De la serie 17 palabras para 17 textos: catorce

SUEÑO

Lo inalcanzable de la vida, el subconsciente cuando la noche ha caído o la pesada sensación corporal después de una abundante comida: de todos ellos nace el sueño.
En mi experiencia de soñador, la etapa más productiva, mejor dicho, el momento más productivo, es de las cuatro a las seis de la mañana, que es cuando puedo dialogar con los dáimones. Los descubro en un aquelarre al que he sido invitado siempre y cuando me mantenga en silencio y observando. Dialogo con sus mentes sólo intuyendo el porqué de sus expresiones faciales y de sus movimientos corporales. En esos sueños no existen las palabras porque se han mimetizado con el acto corporal. Ello me lleva a entender nuevos códigos que voy aprendiendo conforme los sueños se suman en mi vida; espero que en la muerte esa experiencia responda a mis preguntas de toda una vida. Eso exijo y por eso me aventuro a soñar.
¿Cómo retomar un sueño porque es tan satisfactorio o el desenlace nos ha intrigado de sobremanera? Muérdete la lengua, cancela las palabras, no pienses, siente, y retomarás esa anécdota que flota en tu más inmediato sueño.
¿Qué hay de los semisueños?, donde de alguna manera intervenimos para que sucedan ciertas cosas pero a veces perdemos la voluntad y ese punto de inicio se mueve hacia otras situaciones que ya no podemos controlar. ¿Has intentado llevar la batuta en un sueño? Si lo has logrado has creado un semisueño. Después experiméntalo en la vigilia y estarás a la mitad: entre la realidad y tus sueños, con los ojos semiabiertos, creyendo sólo la mitad de lo que ves y escuchas.
Y las pesadillas: sólo eres tú como protagonista de tus propios sueños.


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